Actualmente, en muchas empresas, la telefonía móvil y las conexiones a Internet han reemplazado casi todas las funciones de las antiguas redes fijas. Es más, algunas organizaciones incluso han prescindido de estas últimas al considerarlas obsoletas, dejando el buen funcionamiento de sus sistemas de comunicaciones a expensas del de las infraestructuras de las compañías eléctricas y telecos; una situación de dependencia que con frecuencia, cuando se producen fallos en la red eléctrica, pone de manifiesto su vulnerabilidad intrínseca, con los consiguientes perjuicios –en ocasiones graves– que se derivan para las empresas y la sociedad civil.